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El rostro de los tantos muertos

Cifras de civiles muertos del 2007 al 2014. Afganistán 21 mil. Irak, 81 mil. México, 160 mil. 55% de las muertes, atribuidas a la guerra contra el narcotráficLas cifras ya las han escuchado hasta el cansancio. Tantos periodistas asesinados, tantos personas desaparecidas, tantas mujeres muertas, tantos estudiantes raptados. Siempre un número acompañado de un sustantivo que define a la víctima. A veces sólo definimos su situación actual: son ya tantos muertos.
Y en cada muerto exigimos la justicia como si fuera una carta a Santa Clos. En nuestra boca y en nuestro pecho solo se queda la rabia, la impotencia, la tristeza. En cada muerto esperamos que ahora sí, la situación coyuntural provoque un cambio radical en este Estado. Mientras, nuestro amigos y nuestros compañeros se acumulan solo como una cifra más en las estadísticas.
Hacer otro comunicado de alerta, escribir otra carta de indignación. Todas las situaciones se parecen tanto. ¿Cómo expresar con sinceridad nuestro dolor cuando las palabras se pierden en el ruido mediático?

-Andaba preocupado C por Nadia Vera, la tienes entre tus contactos. ¿Está bien?

-No. Falleció. La mataron. Una joda, pero que el mal pase cerca de uno no lo hace más mal, es así, todos los días, vivir entre miserias y abismos.

Quieren un mensaje de parte de Xalapa en la manifestación en DF. ¿Qué mierda se puede decir? Los improperios justos ya fueron dichos millones de veces y abundar en exageraciones comienza a matar a las palabras mismas.

Solo queda darle rostro a las víctimas. No son solo una cifra más. Fueron personas a quienes les negaron el derecho de ser. Fueron personas con sonrisas, con llantos, con aspiraciones, con deseos de justicia.

Esto decía Rubén Espinosa sobre el periodismo en Veracruz.

Esto decía Rubén Espinosa sobre el periodismo en Veracruz.

Lo peor es que siento que esto no va a cambiar. Antes de venirme acá [al DF] trabajaba para un periódico en Veracruz, ya hace años. Y era como Rubén lo decía. Y en todo este tiempo no ha cambiado, ha empeorado“, me cuenta J.

Yo mismo no sé cómo responder más allá de expresar mi indignación. Me queda claro que Javier Duarte debe ser investigado y juzgado. Su administración se ha caracterizado por la amenaza, desaparición y asesinato de periodistas como política hacia la prensa, y de civiles como política hacia los movimientos sociales. Pero, más allá de los deseos ¿qué tenemos para desatarnos las manos y quitarnos la mordaza?

¿Cómo nos quitamos la mordaza?

¿Cómo nos quitamos la mordaza?

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Cuando Veracruz fue 132

Una amiga socióloga me ha preguntado cuál creo que fue la mayor aportación del movimiento 132 en Veracruz y ha comentado que “Veracruz fue un caso especial”. No sé si Veracruz fue un caso especial, pero fue un caso distinto porque lo conformaron personas distintas en un contexto distinto a otros lugares del país. Tampoco creo tener la capacidad para realizar un análisis amplio que haga justicia a lo que fue el movimiento. Por eso retomaré algunos comentarios de quienes participaron en su momento para apoyarme.

Sobre los inicios del movimiento, no puedo decir mucho. Yo no me encontraba en Veracruz. Observaba cómo transcurrían las elecciones mientras me llenaba de indignación que nadie despeinara el copete de Peña en la punta de las preferencias electorales. ¿A caso pocos se acuerdan de Atenco?, me preguntaba, mientras me acordaba de Alexis Benhumea quien murió por ser golpeado por un proyectil de gas lacrimógeno en la cara durante el brutal operativo ordenado por el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, como sucedió con Kuykendall después, cuando tomó la presidencia. La chispa que encendió todos esos resentimientos contenidos provino de donde menos nos imaginábamos muchos: de una escuela privada, estereotipo de la fresez, de la Universidad Iberoamericana.

De cómo inició todo en Veracruz, me comentaba N. en un audio:

#YoSoy132 Veracruz lo conformaban, en un inicio, un montón de desconocidos que atendían a las convocatorias en Redes Sociales, iniciativa de estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad Veracruzana (UV). […] La mayoría de quienes tomaban las decisiones eran estudiantes de la UV, aunque también había gente de la Villa Rica, del Colón, del Tecnológico, de la Universidad del Golfo, de la UNIMEX. Era gente muy diferente, unida para manifestarse en contra de la posible gestión del gobierno priísta. Había personas con distintas ideologías, e incluso quienes se declaraban afines a partidos políticos contrarios al PRI.

En frente del IFE

En frente del IFE.

Esta heterogeneidad la pude notar cuando los conocí en el campamento que se instaló en frente de un módulo del Instituto Federal Electoral (IFE). Me parece que era parte de su fortaleza. La colaboración entre estudiantes de Ingeniería en Sistemas, de Derecho, de Comunicación, de Relaciones Internacionales, de Medicina etcétera, le daba al grupo una amplia visión que contrastaba con la inexperiencia de todos como individuos. Para la gran mayoría, era la primera vez que se organizaban para protestar, que discutían en asambleas los cómo, cuándo y dónde. Y eran todo, menos ninis. Algunos, eran todo lo contrario. Muchos de ellos tenían que arreglárselas para trabajar y estudiar al mismo tiempo.

Regresando a la pregunta de mi amiga, qué aportó el movimiento a las elecciones de 2012, no puedo decir mucho. Las elecciones no me importaban tanto como esa organización que se había dado con espontaneidad y podía consolidarse a largo plazo. La prueba de fuego era después de las elecciones, después de la imposición tan anunciada por las televisoras. Sobre la aportación del movimiento para las elecciones, quizá puedan decir más cosas personas como Kjalil, a quien cito:

  • Al salir a las calles y llevar información a las mismas se logro que muchas personas se informaran y pensaran un poco más su voto.
  • Se lograron muchos espacios abiertos al dialogo entre universitarios y ciudadanos en general.
  • Cada una de las marchas realizadas en Veracruz, jamas terminaron en problemas mayores, se dio buen ejemplo de libre expresión y el derecho a manifestarse.
  • Se promovió mediante este movimiento el arte, la música y expresiones escénicas que muy difícilmente veías en la calle; se incentivo la participación de jóvenes artistas en apoyo al movimiento.
  • Presencia y espacio en los medios, no solo como una noticia incómoda sino como una noticia realmente informativa.
  • Se mantuvo vigilancia en los principales puntos de recepción de votos para evitar atracos, embarazos de urnas, entre otras situaciones.

La aportación no es baladí. Elecciones anteriores en Veracruz habían sido tristes recolectas de casos de acciones turbias que daban el triunfo al PRI. En esa ocasión, casi todas las casillas del puerto de Veracruz dejaron al PRI en tercer puesto.

Pero la aportación que me parece más importante es que enseñó a la gente a organizarse. Mantener un campamento durante en el zócalo por más de un mes y lograr mantenerse ahí a pesar de las múltiples amenazas de desalojo no se logra sin cierta organización. Tomar las instalaciones de un Palacio Municipal, aunque sea el balcón, y plantarse casi dos semanas, tampoco se logra sin un mínimo de organización, por muy espontáneo que haya sido el acto en ese momento. Esa eran las acciones más visibles, pero se tenían otros proyectos que se lograron mantener durante un tiempo, mientras la organización y el compromiso se existieron, como un sitio web que alojo no solo a la Asamblea de #YoSoy132 del Puerto de Veracruz, sino a las asambleas de Coatzacoalcos, Xalapa, Poza Rica y Altas Montañas (que era una conglomeración de Orizaba, Córdoba, Fortín y otros municipios aledaños) y fue una plataforma para difundir información que no salía fácilmente en otros medios.

Tal vez a eso se refiere mi amiga socióloga cuando dice que “Veracruz fue un caso especial”. Las discusiones rara vez eran en las instalaciones universitarias. Se salía a las calles y se tenía contacto directo con la gente. Se abría el diálogo, el debate en la plaza, como se hacía en la política de muy antaño.

Eso que sucedió en Veracruz, que era insólito desde los tiempos de Herón Proal y el movimiento de los inquilinos a inicios del siglo XX, ya no es tan atípico. La gente sale a la calle con más frecuencia para protestar contra los gobiernos saqueadores y negligentes. Es un avance, si consideramos que hace unos años nadie salía a la calle por miedo a la delincuencia organizada que usaba la ciudad como campo de gotcha. Falta aún una organización constante y militante para crear alternativas a los malos gobiernos e iniciar proyectos autónomos con resultados palpables, para que la violencia y las marrullerías no sean cosa de todos los días.

Ayer, 10 de mayo, la gente protestó en el puerto de Veracruz en solidaridad a la familia de Columba Campillo, estudiante de 16 años de un colegio privado quien fue encontrada muerta, mientras que una estudiante de la Facultad de Administración, Melissa Espinoza, se encuentra desaparecida. Ya nadie se cree la cantinela de los “casos aislados” o el “por algo les habrá pasado”. Los muertos y desaparecidos se acumulan sobre los papeles de la burocracia que se ve rebasada para investigar e impartir justicia, cuando no se ve cómplice. No sé si este valor para organizarse y salir a protestar tiene su antecedente en el 132, o simplemente es la consecuencia lógica de la rabia y la impotencia.

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